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Poemas, Reflexiones

La forma en que te amo no es correcta, pero sí la más honesta.

Me fascina que me hables solo para quejarte sobre el molesto vecino que pone su música tan alta que no te deja leer esta carta. Amo que me creas un confidente, íntimo acreedor de tus más húmedos secretos.

Amo que después de haber jugado a lo prohibido, salgas de entre las sábanas como una pintura en movimiento, que se mueve y contornea sus muslos al ritmo de mi mirada que se clava entre ellos.

Me enamora como desfilas de un lado para otro, recogiendo mi ropa mientras me pides que me vaya del departamento que tus padres aún pagan.

Me gusta que tu novio te ame más que yo, porque me doy el tupé de recibir justo lo necesario, dejándole el corazón a él, y lo demás para mí.

No te ofendas. No me pidas que me vaya y tampoco quieras salir despavorida por la falta de tacto en mi honestidad.

Pero es que me encanta el trato que tenemos. Me gusta conocerte a medida que muestras cada vez más tus defectos que en efecto me enamoran.

No puedo evitar hablar de tus piernas mal afeitadas a mis amigos, de tus pechos pequeños, de tu voz un poco aguda y de tu cabello desgreñado.

No son defectos. Son solo detalles que le dan humanidad a alguien que pudo ser perfectamente un Dios. Ser omnipotente que te posas en la cama esperando a que cometamos el pecado del engaño.

Estás aquí por una razón: Nadie te comprende. Y es comprensible pues tu novio te trae caviar de cena cuando tu solo quieres un tazón de cereal y ver Netflix hasta dormir o hasta que suceda algo más…

No eres cara, pero tampoco vales poco. No tienes precio y tus padres, novio y pretendientes, parecen insistir en comprarte como si fueras una pintura en subasta. Intentado ver quién da más.

Yo, en cambio, invierto poco pero no para pagar por ti, sino para comprar algunas horas para los dos, en las que te ayudo a olvidarte de quién pretendes ser en tu cotidianidad, y vuelvas a ti, a ser quien eres en realidad, desprovista de estereotipos, amada por lo que eres e inventora de mundos ficticios en su profunda imaginación la cual nunca compartes con el otro que sí debería ser tu amante, y no yo, que te conozco hasta los peores temores, mentiras y vergonzosos rastros de tu pasado.

Definitivamente, me has enseñado que la vida es injusta. Pocos son los que son correspondidos por aquellos a quienes les gustan.

Si sigo así, me convertiré en ti, viviendo una vida de mentira, oculto en las sombras, hablando a mis amigos de alguien a quien no puedo ni decirles tu nombre porque juré guardar un voto de silencio a cambio de tu tiempo, de tus besos, de tus piernas y de tus pechos.

Si sigo así, seré yo el que necesitará ser rescatado de mi rutina, para que me recuerden quién soy en realidad, porque comienzo a dudar ¿Soy tu amante o un simple escape de tu cotidianidad?

Quizás ambas o quizá ninguna.

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Te amé desde mi entrañas, y te lo demostré de la única forma que pude.

Acostumbrarme a ti, fue mi peor error. Ahora eres un simple desconocido.

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