Reflexiones, Relaciones

Cuando se trata de amor verdadero, las acciones son lo que importan.

Si un hombre le grita a una mujer ¿Qué es lo primero qué notas? Guarda tu respuesta para ti, reflexiónala un momento y continúa leyendo. Te explicaré por qué esa pregunta resulta tan importante cuando de amor verdadero se trata.

Las palabras no deben herirte, escuché decir una vez a mi abuela. Cosa que me dejó pensando pues, anteriormente, sí me rompieron algo, el corazón, y vaya que sí dolían en el alma.

Las palabras tienen un valor enorme, después de todo, es el poder de la palabra, nuestro más claro diferenciador con los animales, pero cuando se trata de amor ¿Pierden su valor?

La respuesta es un poco más compleja que solo decir sí o no. El valor de una palabra es como el valor de una moneda: Si esta no tiene oro que la respalde, entonces no vale nada.

La acción es como el oro de las monedas: sirve de respaldo para cada palabra que digas. Por ello, lo que digas, piensas y hagas, siempre debería ir en armonía, más aún cuando de demostrar amor se trata.

¿De qué sirve decirle a esa persona – “Te amo con el calor de mil soles”, cuando ni siquiera se te antoja abrazarla por las noches?

Retomando la pregunta del inicio, muchas relaciones tóxicas se prolongan porque el hombre después de irrespetar a la mujer, pide perdón, prometiendo un futuro mejor y amor verdadero que parece siempre estar a la vuelta de la esquina, ocultándose detrás de un nuevo moretón en la mejilla y un insulto, aprovechando que la mujer, inocente y ciega de “amor”, le perdona, con la falsa esperanza de que su relación mejore algún día.

¿Ahora entiendes el verdadero valor de la palabra? ¿Ahora comprendes por qué una acción es lo que realmente te demuestra si hay o no un amor real?

“Te amo” es una expresión que no tarda ni dos segundos en formarse en la boca de alguien, pero demostrar amor es algo incalculable en el tiempo.

Amar es una acción sublime, compleja, pasional, romántica y hermosa. La palabra en cambio, es solo eso, meras oraciones conjugadas en tiempo presente pero que no tienen un valor en el futuro ni en el pasado.

Ama y déjate amar, pero con el corazón y las buenas obras. No caigas en promesas vacías y reconoce que las palabras se las lleva el viento, para siempre.

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